Fue en uno de esos ejercicios, luego de leer un poema de Nicanor Parra, que cambié por completo mi percepción sobre el acto de tomar mate.
El poema en cuestión habla del padre del psicoanalismo, Sigmund Freud, y su particular inclinación a imaginar penes y vaginas en todas partes.
Aquí tenemos todos los triángulos, figuras alargadas, cilíndricas o puntiagudas que de alguna manera resultan semejantes a la genitalidad masculina.
Lanzas y espadas, rascacielos y obeliscos, pistolas y escopetas, cetros y varitas, cadillacs y dinosaurios.
La bombilla, ese artilugio con el que se bebe el mate, es evidentemente un símbolo fálico: un cilindro metálico alargado y rematado por una cabeza.
Por otro lado están los símbolos vúlvicos (así llamaremos a las figuras asociadas a la vagina).
Donuts y rosquillas, copas y griales, cuevas y socavones, almejas y caracolas, incluso… ranas y sapos.
El mate, ese recipiente donde se acomoda la yerba y donde luego se vierte agua caliente, es un evidente símbolo vúlvico en virtud de su concavidad. Además, todo es húmedo y calientito dentro del mate.
Ahora viene el detalle juguetón. Para beber mate se debe introducir la bombilla el cuenco… ¿Captan?
Bombilla, mate, yerba, agua y calor se unen en un objeto único, a semejanza del acto carnal. Desde aquí, se bebe un intenso elixir conjugado de fluidos y simbolismos libidinosos, femeninos y masculinos.
En resumen… tomar mate es un acto de profundo misticismo sexual.

P.S.
Recuerdo cuando ella tomó mate… la bombilla estaba caliente.